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Catarro

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Fecha de publicación: 13-11-2011

¿Qué es un catarro?

Se puede decir que un catarro o resfriado es cada uno de los episodios de obstrucción nasal, aumento de moco y tos que se tienen sobre todo en invierno, y por los que a los niños pequeños se les llama “mocosos”.

También se llama técnicamente “infección respiratoria alta” o “catarro de vías altas” e incluyen una variedad de síntomas que se deben a la inflamación de la mucosa que recubre las vías respiratorias y que va desde la nariz a los bronquios. Los síntomas suelen estar mezclados. Según el que más predomine se dirá que se tiene una rinitis (moco nasal), una faringitis (dolor de garganta), una laringitis (tos ronca) o una bronquitis (tos y ruidos respiratorios). Pueden tener también fiebre. Ésta se ve con más frecuencia cuanto menor sea la edad de quien sufre el catarro.

Son muy habituales y es la causa de consulta al pediatra más frecuente.

Por norma son autolimitados. Es decir, que se curan solos en el plazo de unos pocos días y no dejan secuelas.

¿Quién los produce y cómo se transmiten?

Los causantes de los catarros son casi exclusivamente los virus. Hay más de 200 tipos diferentes que provocan catarros. Los más frecuentes son los rinovirus.

Se contagian a través de secreciones de las vías respiratorias que se expulsan al aire con la tos y los estornudos, o por medio de objetos contaminados con estas secreciones. La puerta de entrada puede ser la boca, la nariz o la fina mucosa que recubre los ojos (conjuntiva). Está demostrado que las manos intervienen mucho en la transmisión.

En el caso de los niños pequeños, es más fácil el contagio, al compartir objetos y juguetes que chupan, y porque tienden al contacto directo con las manos y la cara.

¿Cuál es su curso más habitual?

Cuando hay fiebre, ésta no suele durar más de 3 o 4 días. Los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana. La tos dura más tiempo y no es raro que llegue hasta 2 o 3 semanas.

El moco nasal también cambia a lo largo de la enfermedad. Inicialmente es como “agüilla” que cae por la nariz. Pero pronto se va espesando, pasan a ser mocos blanquecinos. Luego se vuelven amarillos e incluso verdosos. De esta forma persisten unos días. Esto, por sí solo, no es signo de complicación ni de que haga falta tomar un antibiótico.

¿Por qué los niños se acatarran tanto?

En primer lugar, porque conviven con ellos otras personas que les contagian. Es decir, otros niños y adultos les transmiten los virus. Y en segundo, porque su inmunidad es aún inmadura. Su sistema de defensa “desconoce” a todos estos microbios. Por eso se infectan con más facilidad. Como media, un adulto normal sufre 1 o 2 catarros anuales y un niño entre 5 y 6. Aunque esto depende mucho del momento en que el niño se encuentre. En los primeros años de escolarización o de asistencia a guardería, sobre todo entre los 6 meses y los 2 o 3 años, es la máxima frecuencia. Esta situación de mayor susceptibilidad es transitoria. Al cabo de un par de malos años el número de catarros anuales baja. Es como si se tuviera que pasar forzosamente por esta etapa de catarros en los primeros años de la vida. Esto lo corrobora el hecho de que los niños que han ido antes a guardería, cuando luego llegan al colegio, faltan menos a clase por enfermedad que sus compañeros más “novatos” en el mundo de los resfriados.

Es interesante aclarar que los niños no se acatarran por salir al patio del colegio (lo que comúnmente se dice como que “cogió frío”). Lo hacen en el aula. Allí el contacto es más estrecho. Al haber menos ventilación, las toses y estornudos de los acatarrados cargan el ambiente de virus en suspensión, que inhalan los niños sanos.

¿Cómo se tratan?

Se busca aliviar los síntomas y prevenir, en lo posible, que haya complicaciones. No se puede atacar la causa. Lo normal es que se curen de forma espontánea. Es mejor evitar el uso de medicamentos que, por lo general, no hacen falta.

El lavado nasal con suero fisiológico puede aliviar en algunos casos. El empleo de medicamentos no tiene grandes efectos como para recomendar su uso en todos los casos. Los antibióticos no acortan su duración ni hacen que no se compliquen. Su uso favorece el desarrollo de resistencias a éstos. Sólo los analgésicos-antitérmicos (paracetamol, ibuprofeno, etc.) y no de forma sistemática, sirven para aliviar los síntomas.

¿Pueden evitarse los catarros?

Hoy por hoy no hay una vacuna eficaz. Se debe a que son muchísimos los virus capaces de dar lugar a este cuadro clínico. Otra forma de prevenir, más difícil de llevar a cabo, es la evitación de la exposición a personas acatarradas. El lavado de manos frecuente es uno de los mejores hábitos para no contagiar infecciones.

Mi hijo está acatarrado, ¿cuándo debo llevarlo al pediatra?

Si no se complican, se curan solos. No necesitan tratamiento con medicinas.

Los padres deben vigilar las posibles complicaciones. Éstas se deben sobre todo a las bacterias, que causan otitis o neumonía. Si la fiebre dura más de 3 días, hay dolor de oídos, dificultad para respirar o decaimiento, es cuando debe pensar en acudir al pediatra.

Fecha de publicación: 13-11-2011
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